Hasta el día de hoy, cuando los equipos de marketing de las empresas trabajaron para desarrollar su marca olfativa, no tuvieron en cuenta a una parte importante de sus nuevos clientes: los compradores digitales. Hoy en día, se vuelve muy importante pensar en el cliente digital a la hora de crear la identidad olfativa.
Emociones que viajan en un paquete, un regalo que flota cuando abrimos el envío.
El atributo perfumado actúa como transmisor del mensaje de la marca a su cliente. Sujeto que genera una cadena de reacciones emocionales en el receptor y que condicionan la percepción de la marca.
De esta forma, el vendedor pretende valorar el producto, modelar cómo llega al cliente.
Asimismo, la experiencia olfativa evoca una situación que te trae recuerdos que te transportarán a otro entorno. Una serie de recuerdos de situaciones pasadas que generarán una asociación positiva con la marca. El olfato actúa como un «vínculo emocional» entre el cliente y la marca para generar vínculos fuertes y duraderos en el tiempo.
La fragancia del atributo perfumado se convierte en el decodificador de marca. Cada fragancia genera una percepción diferente del producto, de la marca por parte del cliente. La elección de la fragancia pasa a ser un elemento decisivo en la estrategia de marketing comunicativo de la empresa.






